Quien bien te quiere te hará llorar

Esta es la historia de un padre que ama mucho a su hijo, pero como no consigue que éste le obedezca y haga lo que tiene que hacer –que, según su padre, sería su bien- le acaba gritando y castigando, para que aprenda. El niño llora porque no está de acuerdo y se siente violentado. Mientras tanto el padre, por dentro, también se siente mal. Al buscar consuelo en su abuela, ésta le abraza diciéndole que su padre sólo desea su bien, que él más que nadie sabe lo que es mejor para sus hijos, aunque a ellos les duela. Y le recuerda la frase que lo confirma: quien bien te quiere te hará llorar.

¿Cuál es la creencia que sostiene esta idea?

El amor mal entendido siempre incluye -lamentablemente- un mandato: debemos interferir en la vida de los otros cuando están equivocados. Salvarlos, aunque ellos no quieran. Actuar, aunque me digan que no. Y en caso de que me digan que no, debo forzarlos. Y en caso de no quieran ser forzados debo castigarlos, pues esa es la forma de expresar el amor.

¿Pero en realidad qué es amar? Amar es dar el máximo apoyo posible a las personas para que lleguen a ser quienes están llamadas a ser. Amar quiere decir “yo soy la tierra y tú eres una semilla. Te voy a dar todo el apoyo para que tú crezcas, expresándote tal como eres. Yo no sé si tu eres trigo, cebada, tomate… No lo sé, igual eres solo gramínea, pero eso no lo puedo cambiar. Y si te amo debo apoyarte para que tú crezcas, para que tú Seas; no debo interferir, menos forzarte, mucho menos vengarme. Porque el forzar, el castigar, el vengar, el interferir, significa que yo he decidido saber lo que es bueno para ti, y al decidirlo estoy intentando impedir que tú te expreses. Al impedir que te expreses, tú no puedes tener tus propios actos; al no poder tenerlos no puedes aprender. Cuando yo hago las cosas por ti, te vuelvo incapaz, vulnerable. Diré aquello de “lo hago por tu bien”, pero te sobreprotejo. Y en ese sobreprotegerte no sólo vulnero tu voluntad, sino también tu autoestima. De esa forma tú aprendes que no eres merecedor de amor, que eres merecedor de castigo. Y ese es un muy mal regalo que te hago…

Dicho todo esto podemos afirmar que la creencia de “quien bien te quiere te hará llorar” no es cierta.

¿Y qué es lo que sí hay de verdad detrás de esto?

Lo que sí es verdad es que quien bien te quiere, te respeta. Te explicará las cosas tal como las ve, si estás dispuesto a escuchar, y sino te dará espacio para que lo experimentes y lo veas por ti mismo. ¡Qué gran diferencia con la interferencia! ¡Esto sí es amor! ¡Darme permiso para ser y para aprender de mis errores!

Quien te quiere, cuando te equivocas, no te dice: “ya te lo había advertido”, sino que en realidad te pregunta: ¿Cómo te puedo ayudar? ¿Cómo te sientes, qué has aprendido? Lo que intentará hacer es darte apoyo para que tú seas. Ocurre que, para la mayoría de nosotros, el amor es una forma de manipulación; es decir que socialmente utilizamos el amor como una forma de controlar a las personas a las que decimos amar. Y si ellos hacen algo “que me preocupa” me veo en la obligación de interferir; si no quieren, de forzar. Y si no quieren ser forzados, a castigarlos por su bien. Porque la letra con sangre entra; cuando te pego me duele más a mí que a ti; porque te quiero, te aporreo; me duele en el alma lo que te estoy haciendo. Todo esto significa no darse cuenta de que sólo estamos amando cuando respetamos la libertad del otro. Yo quiero ser libre. Yo quiero tener derecho a equivocarme. Quiero tener derecho a rehacer lo que estoy haciendo mal. Y eso no puedo negarlo a los demás.

Deberíamos plantearnos que “amar de verdad” a los demás significa pensar que sólo yo puedo cambiar; que no puedo obligarte a cambiar, que no debo culparte sino que debo asumir mi responsabilidad en nuestra relación. Que no debo quejarme, sino que debo valorar lo positivo que sí tenemos.

Esta actitud tan curiosa se observa claramente en el que podríamos llamar “síndrome de la manzana”. Cuando encontramos una manzana con un trozo podrido, lo natural es que quitemos el trozo malo y nos comamos el resto la manzana, que está en buen estado. Pero con las personas hacemos al revés: cuando hay una parte que no nos gusta (de alguien) cogemos ese trozo malo y lo masticamos todo el rato despreciando el resto… ¡que sí nos gusta! ¡Qué tontería! En lugar de valorar, nos quejamos.

El amor significa que yo respete lo que tú estás haciendo sin castigarte, ni discriminarte, ni gritarte; sin quererte cambiar, ni salvarte. Y permitiéndote vivir las consecuencias de lo que has hecho. Eso es lo que quiere decir Amar.

Pero como creo que el amor es un sentimiento, me dejo llevar por ellos y yo no puedo soportar que tú hagas una cosa que yo no haría, como yo tengo un problema y lo proyecto sobre ti (porque soy yo el que no lo puede soportar), entonces te maltrato para que no lo hagas en lugar de pedir ayuda… Me olvido que amar es una decisión, no un sentimiento. Y que te amo cuando, al margen de los sentimientos que me despiertes, soy capaz de seguir apoyándote para que llegues a ser.

Cuando el amor se vuelve dependencia

Entonces, el mayor signo de amor es dejar que los demás crezcan, que los demás hagan lo que creen que deben hacer y que aprendan de sus errores. Si no consigo hacer eso entraré en unas relaciones que no son de amor sino de dependencia, de maltrato, sufrimiento… ¿Y cómo saber que las relaciones son de maltrato o de dependencia? Porque ni te sientes libre, ni te sientes feliz.

Cuando sufres, no amas. Porque el amor es siempre felicidad. Cuando yo soy capaz de mirarte a ti deseando tu máximo bien, siempre soy feliz en esa relación. Puedo estar contento, triste, preocupado, pero siempre soy feliz porque te estoy dando lo que tú necesitas. Por lo tanto, recuerda: amar no es conseguir que tú hagas lo que yo quiero, eso es egoísmo. Amar es darte libertad para que tú te descubras: yo soy la tierra y tú eres la semilla. Y la tierra nunca juzga, sino que da el apoyo.

Verifícalo haciendo lo contrario

La comprobación es muy simple: verifica que cuando interfieres, cuando fuerzas o castigas, el vínculo de la ternura se rompe, y lo que querías reforzar desaparece. Verifícalo, es un hecho.

¿Puedes ver en tu vida como este falso concepto de amor ha dañado las relaciones con las personas que más amas? ¿Puedes darte cuenta? Y… ¿no te mueres de ganas de dar un giro a esta realidad? ¡Hazlo!

Publicado por

Daniel Gabarró

Mi nombre es Daniel Gabarró Berbegal y mi oficio es inspirar, acompañar y transformar conscientemente personas, empresas y organizaciones. Me dedico a iluminar la realidad y crear mapas para indicar los caminos transitables para llegar lo más lejos posible como sociedad, como empresas y como personas individuales. Algunas persones me definen como Sherpa ya que les muestro el camino y las acompaño durante el trayecto, otras me definen como filósofo práctico, pensador, asesor e, incluso, como intelectual puesto que hago inteligible la realidad sin simplificarla. En cualquier caso, camino al lado de las personas y organizaciones a las que ayudo. Imparto formaciones para empresas, administraciones y organizaciones que quieren adaptarse al nuevo paradigma: los viejos tiempos no volverán y es imprescindible abrirse a la nueva realidad que ahora se está imponiendo. También imparto cursos para personas interesadas en su crecimiento personal y despertar espiritual, en la línea de Antonio Blay y Anthony de Mello. Profesionalmente soy empresario, escritor, conferenciante, formador, diplomado en dirección y organización de empresas, maestro, psicopedagogo, licenciado en humanidades, diplomado en dirección y organización de empresas, experto en PNL y ex-profesor de la Universitat Ramon Llull y de la Universitat de Lleida. Colaboro habitualmente en diversos medios de comunicación como "L'ofici de viure" de Catalunya Ràdio, que ofrece herramientas emocionales para la vida diaria. He publicado algunos materiales sobre temas diversos: espiritualidad y empresa, técnicas de estudio, didáctica, evolución moral, igualdad y masculinidad, fracaso escolar... Estoy aquí a vuestra total disposición.

2 comentarios sobre “Quien bien te quiere te hará llorar”

  1. Por supuesto, el que te quiere no te castiga, ni pega, ni chantajea. Creo, que ese refrán no se refiere a ese tipo de relación, más bien habla de que la persona que en realidad te quiere, será sincera contigo y esa sinceridad muchas veces te abre los ojos de cosas que no te habías parado a pensar y esas cosas no siempre son buenas. El que te quiere, no te juzga, pero su sinceridad puede ser muy dolorosa, porque el verdadero amor es sincero por naturaleza.

  2. Diego, mil gracias por tu comentario.

    A veces, pienso, la sinceridad no es útil. Cuando tú no quieres escuchar yo debo respetar ese deseo.

    La sinceridad es útil cuando tú sí quieres escuchar. Obligarte a oír cuando no quieres, habla de un tipo de violencia sutil pero real: te agredo porque no sé contenerme.

    Solo quería compartir esa reflexión contigo, por si te inspira. No es necesario que estemos de acuerdo, pero igual te es inspiradora.

    Un fuerte abrazo, ten un muy hermoso día

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