¿Por qué estamos en pareja?

La función de la pareja o similar es compartir la vida y la felicidad que tenemos, con el fin de apoyarnos mutuamente para crecer. Nos convertimos en un ‘nosotros feliz’, sin perder nuestra individualidad.

Pero, ¿cómo mantener esa felicidad? ¿cómo saber si somos compatibles con la otra persona? Y, lo más importante, ¿por qué se terminan las relaciones?

LOS NIVELES DEL AMOR

Para poder mantener una relación de pareja estable y feliz, es fundamental saber desde qué nivel transmitimos nuestro amor hacia la otra persona.

Existe un primer nivel que sería el infantil, basado en el ‘dame’. Las personas que se encuentran en este nivel, no tienen la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Este amor es expresado desde el egocentrismo (ni tan siquiera es egoísmo, puesto que la existencia y las necesidades de la otra persona no han sido descubiertas).

Un segundo nivel es el social, en el que hay un intercambio que se basa en prohibiciones, en normas, en contratos. Por eso, el matrimonio que surge en este nivel es un mero contrato en el cual nos comprometemos a ciertas cosas a cambio de otras. Es un paso muy superior al anterior, pues sí reconocemos al otro, pero condicionamos nuestro amor a obtener lo que deseamos.

El tercer nivel es el amor adulto, que sería amar de una forma consciente, utilizando herramientas del amor como, por ejemplo, las que nos transmitió Gerardo Schmedling. Cuando uno las usa, empieza a amar desde un nivel adulto y la propia realidad se transforma profundamente puesto que el amor deja de estar condicionado.

Finalmente, existe un cuarto nivel: el espiritual. En él descubrimos que podemos amar a una persona por sí misma, pero también por la oportunidad de amor que nos ofrece. Amamos por el mismo hecho de amar, amamos por el amor mismo y, desde ese nivel, se vive una relación totalmente distinta.

CRITERIOS PARA ESTAR EN PAREJA

Una vez hemos descubierto en qué nivel estamos, tenemos dos opciones: trabajar para alcanzar un nivel superior o quedarnos en el punto de partida.

Si decidimos avanzar, nos será muy útil saber algunos previos que debemos cumplir si tomamos la decisión de estar en pareja.

En primer lugar, es imprescindible admirar los valores de nuestra pareja. Si los valores de la otra persona no nos parecen admirables será muy difícil tener una base sólida sobre la que construir algo que perdure en el tiempo. De hecho, cuando en una relación no podemos localizar los valores que admiramos de la otra persona, la relación tiene la base muy débil y es casi imposible de salvar.

En este sentido, me gustaría señalar que el amor hacia la otra persona puede durar siempre si somos los bastante sabios y sabias. ¿Por qué? Pues porque siempre podemos buscar lo mejor para la otra persona y para nosotros: ¡eso es amor! Eso no quiere decir que siempre seamos pareja, pero sí que el amor sea para siempre: las formas pueden cambiar, pero el amor (si es amor) es eterno.

En segundo lugar, tener la capacidad de llegar a acuerdos sobre temas fundamentales: la forma como pasaremos nuestro tiempo ocio, el uso del dinero, si tendremos o no hijos/hijas y cómo los educaremos, qué tipología de pareja queremos ser (monógama, abierta, permeable…), dónde queremos vivir, si priorizaremos el trabajo o la relación, qué espacio daremos a nuestras familias de origen, qué vínculos mantendremos con parejas anteriores si las hubiera, cómo nos repartiremos las tareas del hogar, etc… y, cuando tenemos criterios diferentes, ser capaces de negociarlos de forma pacífica y mantenerlos voluntariamente.

Por último, que exista una cierta atracción física. Y en este punto quiero remarcar que no es imprescindible estar enamorado/a para iniciar una relación de pareja. Que exista una atracción física real es más que suficiente junto con un vínculo emocional profundo y, en el caso de personas asexuales, que exista el vínculo emocional profundo también es más que suficiente.

¿POR QUÉ SE ACABAN LAS RELACIONES?

Habitualmente, porque no se cumplen los criterios previos. Evidentemente, una relación sin una buena base suele caer fácilmente.

Un segundo motivo es por agresión. Creemos, ingenuamente, que la agresión no desgasta, pero siempre deja marcas. ¡Atención! No estoy hablando de la agresión física, pues esta es totalmente inadmisible, sino de la emocional, la verbal o la simbólica, que muchas veces pasan desapercibidas, pero que son igual de graves.

Por otro lado, por no tener acuerdos explícitos y voluntarios, y acabar comprobando que se tenían visiones diferentes de la relación.

Por creencias erróneas del estilo: el otro “me tiene que hacer feliz”; el otro “tiene la culpa de lo que me pasa”; el otro “tiene que adivinar lo que necesito”; el otro “tiene que ser espontáneo”; el otro “me pertenece”; etc.

Y, por último, por no recordar porqué estamos con esa persona, qué nos llevo a implicarnos en esa relación y no en otra.

APRENDER A CUIDAR LA RELACIÓN

Para vivir el amor de una manera gozosa y sin sufrimiento, es imprescindible aprender a amar desde un nivel adulto.

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