Ningún hombre honesto se hace rico en un momento

En un cierto momento, a Guillermo le ofrecen un negocio que es interesante, innovador y seguro. Con él, además, va a poder multiplicar sus ingresos de una forma sustanciosa y ética. Pero algo en su interior se rebela, y lo deja pasar…

Años después, al ver a un colega suyo que aceptó aquel negocio en su lugar, piensa: “Él habrá ganado muchísimo dinero, pero yo tengo la conciencia tranquila”. La vieja creencia de que riqueza, honradez y espiritualidad no son compatibles, se había puesto en marcha.

A un grupo de empresarios que asistían a uno de mis cursos de Empresa y Espiritualidad, les invité a presentarse definiendo cual era su trabajo, y respondiendo a la pregunta: «¿Es importante el dinero?»

Curiosamente, ninguno de ellos se definió como “empresario”, y todos afirmaron que el dinero no era importante. ¿Cuál era el perfil del grupo? Todos tenían problemas económicos. No querían reconocer que el dinero sí es útil, y no parecían sentirse orgullosos de ser quienes eran. ¿Por qué y cómo hemos demonizado al dinero y a nosotros si lo generamos?

Ningún hombre honesto se hace rico en un momento

La idea básica que se desprende de esta creencia es que la riqueza no puede alcanzarse con la honestidad. Esta es una creencia que se trasmite habitualmente entre las personas que no tienen dinero, porque además se nos inculca que si tenemos dinero no podremos ser espirituales. De hecho, esto es especialmente habitual entre los terapeutas, en el mundo de la ayuda: la gente que ayuda pero no puede cobrar, gente a la que le da miedo decir lo que cobra, o dar un presupuesto porque les parece caro, o porque les parece que ser recompensados económicamente es “algo sucio”. Estas personas quieren ayudar a los demás… ¡pero son incapaces de ayudarse a sí mismas! ¡Menuda contradicción!

Todo surge de no haber entendido el concepto de “pobreza”. Este concepto no tiene que ver con el dinero, sino con el “no tener la necesidad de tenerlo”, es decir, «no depender del dinero».

Ser pobre espiritualmente está muy bien porque nos da libertad absoluta. Por lo tanto, debemos buscar la más absoluta de las pobrezas espirituales. ¿Pero de qué estoy hablando cuando hablo de «pobres de espíritu, de pobreza espiritual»? Hablo de las personas que no tiene ego. Solo las personas sin ego son pobres de espíritu. No tiene nada que ver con el dinero. ¡¡Sino con el espíritu!!

Una persona sin ego, una persona libre espiritualmente será mucho más útil al mundo si tiene una buena relación con el dinero, puesto que el dinero es un medio para hacer cosas… ¡y hay muchas cosas a hacer en el mundo! ¡No nos quedemos con las manos quietas!

Resulta curioso que mucha gente que considera que el dinero es malo, que no es adecuado, que no es espiritual… ¡se pase el día pensando en el dinero! Piensan, por ejemplo: “Qué camisa más bonita, pero es cara…” o “Me gustaría hacer esto, pero cuesta mucho dinero…” o “Si tuviera dinero abriría un negocio para…”. Al no haber hecho las paces con el dinero quedan atados a él, no pueden ayudar al mundo porque no tienen dinero.

. Porque si realmente lo tuvieran, harían una buena campaña de comunicación, alquilarían un local, harían que proyectos hermosos fructificasen, crearían puestos de trabajo, darían ese curso para todo el que lo quisiera recibir… ¿Qué hacen en lugar de eso? Como no tengo ese dinero voy a trabajar en algo muy honesto que no me dé dinero, y voy a dedicarme ayudar a los demás sin pedir nada a cambio… ¡mientras ni tan siquiera puedo ayudarme a mí mismo/a!

Y actuar de esta manera, amigos míos –ayudar sin estar abiertos a recibir– es una forma de decirle al universo: “Hola Universo, he aquí una persona muy peligrosa, que está dispuesta a interferir en el destino de los demás a dando a los que no están dispuestos a dar, a los que no quieren ser ayudados y no ponen nada de su parte, a los que no piden ser ayudados y, por tanto, no deberían ser ayudados».

Porque (aunque suene duro) es evidente que si alguien no desea compensar de alguna forma la ayuda que recibe, no está aún preparado para recibirla. Y si yo doy la ayuda sin estar abierto a recibir, acabaré secando mi fuente y sin tener nada que ofrecer.

¿Y qué es lo que Sí es verdad detrás de esto?

La realidad, en cambio, es que las personas que se comprometen a dar su máximo y a estar abiertas a recibir (no como objetivo sino como consecuencia del servicio y de despertar la confianza dando algo útil), tienen lo suficiente y, cada vez son más prósperas, pues necesitan de más recursos para seguir siendo más útiles y el universo les responde a esa utilidad a través de la inevitable ley de la compensación.

Quiero hacer esta reflexión: es cierto que, en nuestra sociedad, se nos dice que “ser pobres económicos es de persona espirituales”. Menos mal que no se nos dice que además tenemos que estar enfermos, o vivir en la calle, o que nos apaleen, ¡porque sino estaríamos buscando bandas de agresores para que nos pegasen!

Las personas “ricas y abundantes” son las personas que son felices con lo que tienen, pero que no se niegan a recibir lo que se les da. Y aquí me gustaría dar un consejo muy simple: no nos cerremos a recibir. Hay personas que, cuando alguien les invita un café, insisten en pagar ellos; cuando alguien les dice “tengo un regalo para ti”, se sonrojan; o cuando alguien les dice un piropo, no saben recibirlo con un simple ¡Gracias! Estas personas le están diciendo al universo que no les dé nada. Absurdo, pero cierto: lo veo muy a menudo en mucha gente.

Una frase del evangelio dice que “»Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos». Pero, atención: los ricos no son los que tienen dinero, sino los que todavía tienen ego. Hay muchos ricos que tienen mucho más que dinero: tienen orgullo, tienen soberbia, tienen envidia, tienen un ego que no pasan por la puerta. Y si no pasan por la puerta ¿cómo van a pasar por el ojo de una aguja?

En cambio, hay personas que tienen riqueza económica y no la consideran como suya, sino que solo la consideran un medio para ser útiles al mundo. ¡Y lógicamente la usan gozosamente! De igual modo que nosotros debemos disfrutar de la riqueza, debemos disfrutar de nuestra salud, de los días soleados, de la lluvia, de la nieve o del mar. Y sería muy triste pensar que, cuando disfrutas –aunque haya religiones que así lo promulgan- no estás alabando a Dios, y estás siendo deshonesto.

¿Qué más hay detrás de esta “actitud de honestidad”?

Si rascamos un poco, detrás de esta frase podremos encontrarnos con sentimientos como la envidia, el resentimiento, la vergüenza, la soberbia escondida… ¿Por qué cuesta verlas? Porque esas cosas son las que conforman el ego. “Yo no soy rico, pero soy honesto”. Honesto y sintiendo que no merezco el dinero, y sintiendo vergüenza si resulta que me ven, pero además resentimiento por los que no sienten vergüenza, ¡que lo muestran, son felices y llegan a final de mes! Y envidia contra ellos…

Todo ello sin darme cuenta de que la VIDA es una celebración, que hemos nacido para pasar el verano, que lo bonito es entregar tu máximo y aceptar lo que te dan, recoger. Y que tenemos derecho a recibir de la vida… ¿Qué pasaría si un bosque solo diese y nunca recibiese? Si se negara a recibir de la lluvia, del abono de las hojas muertas, del sol… y únicamente aceptase dar: sombra, oxígeno, humedad, nutrientes de la tierra… ¡Ese bosque duraría un telediario! La naturaleza da y recibe todo el tiempo, y no se avergüenza de nada.

Aquel que está dispuesto sólo a dar, no es honesto; quien hace las cosas desde el sacrificio, al final creará resentimiento y te las hará pagar. Fíjate cómo tratas a la vida, no le cierres la puerta, ábrete y da tu máximo: pero da abierto a recibir.

Vamos a verificar esto

Si en tu vida hay abundancia verifica cómo muchas veces estás diciendo SÍ a la vida; estás aceptando que te inviten, aceptando la comodidad y el confort como parte del amor y la belleza: comprueba que, cuando eso ocurre, más cosas positivas pasan.

Pero también verifica lo contrario: que cuando tú no estás dispuesto a recibir, cada vez eres mas seco; comprueba cómo miras a las personas que tienen coches mejores que el tuyo; cómo miras a las personas que parecen tener más dinero que tú… Y observa si dentro de ti hay rencor. Si lo hay, tienes que limpiarlo porque eso solo te llevará a ir en contra, y lo que la vida requiere de ti es que vayas a favor.

Comprueba, cuando pasas un presupuesto por tu trabajo, cómo te sientes; que cuando dices que “el dinero no tiene importancia” la de veces que te pasas pensando, a lo largo de un día, en torno al dinero; o cómo te sientes cuando dices: “me gustaría pedir este plato pero pediré aquel, que es tres euros mas barato”. ¡O sea que el dinero Sí tiene importancia! Verifícalo, y deja de mentirte.

Si para ti, al igual que para los empresarios del curso, el dinero no es importante, no dejarás de pensar en él: porque no te va a llegar. Y si no eres capaz de estar orgulloso de quién eres, no vas a poder hacer tu trabajo enriqueciendo este hermoso planeta.

4 comentarios sobre “Ningún hombre honesto se hace rico en un momento”

  1. Excelente analisis!!! Esta es la forma mas comun de sabotearnos a nosotros mismos en asuntos de recibir dinero. Aun sabiendolo debemos oirlo, leerlo una y otra vez hasta internalizar esta informacion y que pase a formar parte de nuestras creencias, solo asi podremos crear los cambios que buscamos. Muchas gracias!!

  2. Todos conocemos a gente con dinero que no son honestas (30%)
    Todos conocemos a gente SIN dinero que no son honestas (30%)
    Todos conocemos a gente con dinero que SÍ SON honestas (30%)
    Todos conocemos a gente SIN dinero que SÍ SON honestas (30%)

    Todos conocemos a gente CON o SIN dinero que… generalizan INDEVIDAMENTE……¿?…… (…%)

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