La felicidad, ¿una moda impuesta?

Vivimos en una sociedad en la que está mal visto no estar alegre y sonriendo todo el tiempo. Se cree, erróneamente, que si no sonreímos no somos felices…¡y además se nos culpa de ello! ¡Menudo error!


LA FELICIDAD COMO OBJETO

Esta idea de equiparar la alegría a la felicidad juega en contra del verdadero autoconocimiento. Por lo tanto, juega en contra de nosotros y nosotras mismos.

El hecho de buscar la felicidad como un objeto externo: alegría, sentimientos positivos, risa, sonrisa… es lo que nos aleja de ella.

Muchas personas utilizan la búsqueda de esos frutos como excusa para no investigar el momento presente y, por ello, viven en una carrera hacia un futuro ideal que no tiene final. Curioso, ¿verdad? Aquellos que dicen buscar son, precisamente, los que menos acaban encontrando.

Pero la felicidad no se encuentra en ningún sitio externo. La risa, las emociones, los sentimientos o la sonrisa son, en el fondo, formas de mostrarme, es decir, algo externo a mi esencia. Y nada externo puede darme la felicidad. La felicidad la soy. Pero la búsqueda en lo externo me aleja de lo que soy.

En realidad, la felicidad tampoco depende de las circunstancias externas que vivamos, sino de la respuesta interna que demos a aquello que estamos viviendo. Cierto que algunas circunstancias son más difíciles que otras, pero el verdadero abismo no está en lo que nos ocurre, sino en cómo respondemos ante ello.

Por ejemplo, aunque cuando estamos enfermos/as es más difícil ser feliz, es posible serlo. Si esto no fuera así, si fuese imprescindible tener buena salud para ser felices, ninguna persona enferma podría ser feliz. ¡Y las hay!

En todo caso, creo que el problema de la felicidad está en confundir sus diferentes niveles y llamar felicidad a lo que son otras cosas.

No confundamos felicidad con salud, no confundamos felicidad con chistes, no confundamos felicidad con placer…

FELICIDAD: LAS CONFUSIONES HABITUALES

Dicho esto, debemos descubrir cuáles son los errores o confusiones habituales.

Así no llamaremos “felicidad” a lo que no lo es. Así sabremos dónde estamos y cómo dirigirnos hacia adelante, dejando de lado los errores y presiones sociales.

Las personas tenemos diferentes niveles. A cada nivel le corresponde un cierto grado de armonía que puede confundirse con la felicidad: ¡estemos al caso!

Existe un primer nivel, que es físico y que se relaciona con el cuerpo. Cuando no tenemos ninguna dolencia decimos que tenemos un cierto bienestar físico. Naturalmente, el bienestar físico es importante y resulta más fácil subir por los siguientes niveles que nos conectan con la felicidad si tenemos un cuerpo que no duela. Pero el dolor o la enfermedad no es un obstáculo insalvable para conquistar el Ser, la Felicidad en un nivel superior. Pero remarco: la ausencia de enfermedad o dolor no es felicidad, sino bienestar físico. Muy positivo en su nivel, pero en absoluto equivalente al bienestar físico.

En un segundo lugar, encontramos un nivel mental o sentimental. Quiero remarcar algo que muy a menudo se olvida: los sentimientos se viven en el espacio psíquico, mental y no en el físico. En este sentido, los sentimientos son “mentales”. Es más, los sentimientos son fruto de lo que pensamos: si pienso que estoy en peligro sentiré miedo, si pienso que me van a premiar, me pondré contento. Los sentimientos no solo se producen en el ámbito mental o psíquico, sino que también son fruto de nuestros juicios mentales. Por ello son senti-mentales.

Cuando lo sentimental está equilibrado y dominamos lo bastante nuestra mente como para poder mantenernos mentalmente en calma, todavía no hay felicidad como tal, sino un ‘bienestar psíquico’. Cuando estamos equilibrados en este nivel vivimos una alegría natural y, a la vez, una sensación de energía y fuerza. Pero eso no es, todavía, lo que yo defino como felicidad, sino “bienestar psíquico”.

En tercer y último lugar, llegamos al nivel espiritual. ¿A qué me refiero con “espiritual”? Pues a descubrir quién Soy en Esencia. Porque cuando yo descubro mi Esencia, la felicidad es el resultado natural e inevitable. No se trata de bienestar físico, ni de bienestar psíquico, sino de Ser aquí y ahora más allá de toda categoría, de toda clasificación, de toda adjetivación. En este nivel, empezamos a descubrir que lo importante es la Vida en mí, la Presencia o Aliento Vital que me habita y que Es.

Y ese descubrirse como Ser es pura felicidad. Ahí sí está la verdadera felicidad y no en los niveles previos.

No nos confundamos: no vayamos hacia la felicidad, puesto que ya la somos. La felicidad es nuestro origen y es nuestro destino. Más allá de cualquier forma y adjetivación.

Pero para vivirla hay que dejar de confundirnos con lo que no somos: ni cuerpo, ni ideas, ni sentimientos…

LA FELICIDAD COMO CONSECUENCIA

Cuando Yo sea, la felicidad aparecerá como consecuencia… ¡porque ya la soy aunque mi ignorancia me impida darme cuenta!

Te animo a vivir tu silencio interior para descubrir la Esencia que eres. A continuación, encontrarás una conocida meditación de Antonio Blay que te ayuda a irte acercando a esa profunda identidad y felicidad.

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