¡Feliz año nuevo!

Al margen de la diferencia horaria; del número de campanadas que se den; del alimento que escojamos para celebrarlo; o de las tradiciones que tengamos, hay algo que es común en todo el mundo. Tres simples palabras que pronunciamos siempre:
¡feliz año nuevo!

Estas palabras no son fruto del azar. Estamos deseando a nuestros seres más queridos que tengan un año fácil, un año sin problemas, pues creemos erróneamente que la felicidad tiene relación directa con la facilidad. Pero, más bien, es todo lo contrario.

¿Quieres investigar qué significa ser feliz?

ABRAZA TU VIDA

Muchas veces me preguntan: ¿qué quiere decir ser feliz? Y yo siempre respondo de una manera muy sencilla: somos felices cuando abrazamos la vida que nos toca vivir.

Eso implica que, al margen de lo que nos ocurra, sepamos decir sí a la vida que estamos viviendo. Naturalmente, las vidas de otras personas nos pueden parecer maravillosas. Pero si somos conscientes de que la única vida dónde podemos aprender, crecer, descubrirnos y expresarnos, es la propia… ¡no desearemos ninguna otra vida! Al comprenderlo, renunciamos a tener una vida distinta y, en consecuencia, comprendemos que somos felices.

EN BÚSQUEDA DE LO DESCONOCIDO

Imaginad que tengo la semilla de un roble. Tengo dos opciones: o bien fructifica, crece y se desarrolla en todo su potencial; o bien quedará reducida a una simple promesa que nunca fue.

Este ejemplo podemos trasladarlo a nuestra vida. O bien consigo desarrollar mi potencial, explorando aquellas áreas que tengo menos desarrolladas hasta hacerlas crecer como un roble grande y fuerte; o bien nunca llegaré a expresar el potencial que tengo en mí.

Todo aquello que me ayude a desarrollar mi potencial será positivo y será una ayuda para que yo me descubra. En ese sentido, desearme que las cosas sean fáciles es, a menudo, negativo. Básicamente, porque son las grandes dificultades las que conllevan un mayor aprendizaje.

Por ejemplo, cuando los niños/as están en la escuela, los maestros les plantean retos que aún no entienden porque buscan su máximo bien. A un niño/a que no sepa sumar, le animarán a comprender la suma. Y, una vez haya logrado ese conocimiento, se le planteará el reto de la resta, luego el de la multiplicación y así sucesivamente.

Por ello, si amamos a alguien, no le deseemos un año nuevo fácil. Deseémosle que la vida le traiga muchas lecciones, que aprenda muchas cosas difíciles para que crezca. Eso sí es un signo de amor, pues el aprendizaje le ayudará a tener la sabiduría suficiente para ser feliz.

Así pues, no se trata que las cosas sean fáciles, sino que la vida nos plantee aquello que ignoramos. No para sufrir, sino para crecer y aprender a ser felices en cualquier circunstancia.

LA VIDA: UN CURSO DE TRES ASIGNATURAS

La vida es un curso de tres asignaturas: aprender a ser feliz; aprender a amar; y aprender a mantener la paz interior al margen de lo que ocurra fuera. Cuando le deseamos a alguien que sea feliz, le deseamos que sea capaz de abordar estas tres asignaturas con éxito.

No quiero extenderme en el tema del amor, puesto que ya escribí un artículo en el cuál afirmaba que el amor no es un sentimiento. Aprender a amar significa busca el máximo bien para mí y para el otro.

Paralelamente, en el momento que aprendemos a mantener nuestra paz interior al margen de lo que ocurra, nos convertimos en dueños de nuestra acción. A partir de ahí, cualquier aprendizaje es gozoso.

La suma de estos dos aprendizajes nos conduce, irremediablemente, a la tercera asignatura que es, ni más ni menos, que aprender a ser feliz. En relación a este último, uno de mis maestros decía que el aprendizaje es inevitable y que aprendemos por dos caminos: por sufrimiento o por discernimiento.

Ojalá, algún día, descubramos que los problemas no son un obstáculo sino un camino al autoconocimiento. Y, en este despertar, aprendamos gozosamente por discernimiento en lugar de por sufrimiento, abracemos las dificultades con ganas de aprender en lugar de huir de ellas y alargar, inútilmente, una situación difícil.

TE DESEO UN AÑO…

La próxima vez que quieras decirle a alguien ¡feliz año nuevo!, que en tu interior resplandezca el deseo de que esta persona crezca y florezca. No solo el deseo de que todo le sea fácil y de que no tenga problemas, puesto que eso sería una ausencia de amor hacia ellas.

Deseo que te mires al espejo y te desees un año entero de crecimiento por discernimiento. Y que esos retos o dificultades que aparezcan en el camino, sean vividos positivamente.

4 comentarios sobre “¡Feliz año nuevo!”

  1. Daniel que tinguis un bon any de creixement i que les coses et siguin favorables dins dels límits però pensa que tu ets un crac i inclús li fan vent en contra sabràs aixecar les veles i arribar a bon port

  2. Desmontar el concepto de la “felicidad” es fundamental. Porque la felicidad romántica que se nos ha inculcado, no tiene nada que ver con la verdad que encierra esa palabra. Se puede ser feliz en las circunstancias más adversas: enterrando a un ser querido, en medio de un divorcio o conviviendo con hijos adolescentes!!!! 🙂
    Abracemos la vida en 2018 y verifiquemos los milagros que ocurren cuando uno lo hace. Gracias, Daniel.

  3. Gracias Daniel por transmitir tanta Sabiduría, y enseñarme a mirar la vida desde otra visión más acertada, la cual me ayuda a crecer y a estar en el camino del Amor, de la Felicidad y de la Paz interior. Un abrazo

  4. Es difícil sacar fuerza para enfrentar los problemas u obstáculos; pero no imposible, hay que seguir adelante y aprender que no hay mal que por bien no venga.

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