Amor y psiquiatría: ¿amigos incompatibles?

Antonine de Saint-Exupéry decía que “solo con el corazón se puede ver bien, lo esencial es invisible a los ojos”. Cada día, caemos en la trampa de juzgar a los demás porque son diferentes, porque no son tan inteligentes como nosotros o, simplemente, porque no actúan de la manera que nos gustaría. Sin embargo, ver la realidad desde este punto de vista nos hace olvidar completamente al otro, a esa persona que se aleja de nuestros esquemas mentales.

Desde hace 34 años, tengo una amiga internada en un centro psiquiátrico con quien mantengo contacto. Los demás podrían pensar que esta relación es, como mínimo, extraña e inusual. ¿Por qué alguien con las ideas amuebladas hablaría con una persona que está interna en un manicomio?, podrían preguntarse. A pesar de ello, una cosa es el hecho de que una persona pueda tener problemas psiquiátricos y la otra, bien diferente, es que tenga un nivel de lucidez bajo en determinados temas de conversación.

La locura puede impedir que utilices la sabiduría en ciertas áreas de tu vida. De hecho, cuando tienes problemas psiquiátricos, tienes un cierto grado de dependencia porque hay áreas de tu vida que eres incapaz de gestionar. Aun así, eso no significa que en otras áreas de tu vida no tengas conocimiento y sabiduría.

En uno de estos encuentros, conocí a la pareja de mi amiga. Él me contó la enorme dificultad de convivir con personas que también están internas. “Si normalmente ya es difícil hacerlo en una situación “normal”, donde todo el mundo sabe comportarse, ¡imagínate en un sitio donde las personas tienen dificultades para contener su conducta!”, me explicaba.

Fue en ese momento, cuando comprendí que estaba recibiendo una lección de sabiduría: “Cuando estoy aquí –decía- y me encuentro con un entorno complicado, me repito a mí mismo que yo no estoy en este mundo para juzgar, sino para amar”. Este pensamiento, de una enorme profundidad espiritual, me hizo reflexionar sobre dos aspectos de la vida.

Por un lado, no estamos en este mundo para juzgar a los demás, sino que estamos aquí para quererles, desearles lo mejor, velar por su felicidad y aceptar que todo el mundo hace lo que puede. Por otro, que demasiadas veces juzgamos a las personas que tienen problemas psiquiátricos, a aquellos que son diferentes, como mi amiga María José.

Si nos detenemos un momento, recordaremos que todos/as nosotros/as hemos vivido situaciones duras a nivel psicológico, y hemos podido comprobar que existe una línea fina que, en caso de haberla cruzado en el pasado, ahora nos encontraríamos en la misma situación que ellos/as.

Las personas, pues, que viven en psiquiátricos son personas como nosotros/as. Presuponer que son diferentes y juzgarlos es otro error que nos ha hecho olvidar por qué hemos venido a este mundo.

A día de hoy, mi amiga ya no vive en el psiquiátrico sino en un piso tutelado en el centro. Ella y su pareja continúan enseñándome lecciones de vida porque sus problemas psiquiátricos no afectan a su capacidad de raciocinio.

Seamos capaces de ver desde el corazón, sin juicios ni presunciones que nos hacen perder de vista el verdadero significado de las relaciones humanas que es, ni más ni menos, que aprender a querer, no a juzgar.

2 comentarios sobre “Amor y psiquiatría: ¿amigos incompatibles?”

  1. Suscribo totalmente tu post, Daniel. He estado ingresado varias veces en un psiquiátrico, y creo que fue la segunda vez cuando tomé consciencia, al ver cómo casi todos los días había algún nuevo ingreso, de que los que allí estábamos no éramos diferentes de los que estaban fuera. Todos formábamos parte del mismo circuito, no había «locos» y «sanos», sino personas que a veces, en algún momento, teníamos que pasar por la experiencia de un ingreso.

    A día de hoy sonrío con ese chiste de uno que le pregunta a otro: ¿puedes demostrar que no estás loco? -No -responde. -Pues yo sí -y le muestra un certificado de alta del psiquiátrico.

    Un saludo.

    1. Alberto, mil gracias por tu comentario. Nos queda trabajo social a realizar hasta que la salud mental esté normalizada, pero lo haremos sin prisa y sin pausa. Gracias, por lo tanto, también por tu testimonio.

      Por cierto, ¡me ha encantado el chiste!

      🙂

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