Haz bien sin mirar a quien

Si cada día haces el bien y no miras a quien, tu vida mejorará. Sales de tu casa con el corazón abierto y, a cualquier persona que veas, la ayudas desde la bondad. Porque la bondad es siempre recompensada. Porque ya se sabe que el bien vence al mal, inevitablemente (¡solo hay que ver las películas de Superman!).

Este dicho popular nos invita a que no miremos a quién: simplemente hay que ir por la vida salvando a la gente, siendo buenos, relacionándonos desde el amor y la ternura… Y todo irá bien.
Pero NO es cierto.

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Quien bien te quiere te hará llorar

Esta es la historia de un padre que ama mucho a su hijo, pero como no consigue que éste le obedezca y haga lo que tiene que hacer –que, según su padre, sería su bien- le acaba gritando y castigando, para que aprenda. El niño llora porque no está de acuerdo y se siente violentado. Mientras tanto el padre, por dentro, también se siente mal. Al buscar consuelo en su abuela, ésta le abraza diciéndole que su padre sólo desea su bien, que él más que nadie sabe lo que es mejor para sus hijos, aunque a ellos les duela. Y le recuerda la frase que lo confirma: quien bien te quiere te hará llorar.

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Espiritualidad y dinero: reflexiones desde la cuesta de enero

Con la cuesta de enero en la puerta de la esquina, resulta especialmente complicado llegar a fin de mes. De hecho, lo mismo ocurre todos los meses, pero no es algo que nos preocupe porque, en el fondo, somos personas honradas. En realidad, es mejor ser pobre, ¿o no? Como dice el evangelio cristiano: “Es más difícil que un camello entre por el ojo de una cerradura que un rico entre en el reino de los cielos”.

Pero, en verdad, ¿esto es así? ¿realmente espiritualidad y pobreza deben ir juntos? ¿Realmente el evangelio habla de dinero? Y si no hablase de dinero, ¿de qué habla?

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Avispas, felicidad y vida cotidiana

¿Cómo vivir con felicidad los dolores de la vida? ¿Cómo darme cuenta que cualquier evento de mi vida cotidiana es una llamada al despertar? ¿Cómo optar por la felicidad cuando el cuerpo nos duele o cuando nos suceden contratiempos? ¿Cómo dejar de confundir la verdad con lo que ha ocurrido?

Y la pregunta fundamental: ¿Cómo puede todo lo anterior llevarnos a vivir felizmente cada día?

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La injusticia no existe. Creer en ella me llena de venganza y de odio.

¿Podemos esperar de un cocodrilo que se comporte como un perrito faldero? ¿Podemos esperar del fuego que no queme? ¿Podemos creer que el agua va a dejar de ser mojada?

Esperar que las cosas sean diferentes a como son es ignorar la ley de la causa y el efecto: mientras exista la causa previa, solamente podemos vivir el efecto que tenemos.

Pretender que la realidad es injusta porque no encaja con nuestros deseos es negarnos a comprender que el fuego, los cocodrilos y el agua son como son y producen los resultados que producen. Pensar que su acción o su existencia es una injusticia nos llena de odio y de venganza…. ¿Y acaso te parece buena idea vivir odiando?

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El mal, como tal, no existe. Existe la ignorancia.

Estoy en el cine viendo una película: la clásica lucha entre el bien y el mal. En ese momento me doy cuenta de que toda nuestra vida está basada en la falsa creencia de la existencia de un mal que lucha contra el bien.

Pero me doy cuenta que esta perspectiva equivocada nos lleva al dolor, al enfrentamiento y dañarnos a nosotros mismos y a los demás.

Pero, ¿por qué afirmo que es una visión errónea?, ¿cómo saber que el mal no existe?. Y lo que es todavía más importante: entonces, ¿cuál es la realidad?, ¿qué es lo que realmente existe?

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Las dificultades me permiten autorrealizarme

Bendice las dificultades. Sin ellas no podríamos actualizar nuestro potencial.

No digo que las busquemos innecesariamente, ¡ya hay bastantes en la vida para complicárnosla gratuitamente! Pero agradezcamos las dificultades de nuestra vida: ellas nos permiten aprender lo que todavía ignoramos.

Gracias a las dificultades traspasamos nuestra zona de confort y actualizamos nuestro potencial. Gracias a las dificultades llegamos a ser quien estamos llamados a ser. ¡Benditas sean!

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Nacer en un pesebre: una visión alternativa de la Navidad

No celebramos la Navidad solamente por el nacimiento de Jesús. La celebramos para recodarnos que otro nacimiento debe acontecer y que, al parecer, aún no ha ocurrido.

La Navidad no es un hecho que transcurrió en un establo hace 2000 años, sino algo que debe ocurrir ahora y en nuestra realidad. Mientras este nacimiento no sucede, seguimos celebrándola, para recordar a quien tiene que nacer, que nazca. Sin embargo, nadie lo recuerda y, por eso, creen que la Navidad es solamente la celebración del nacimiento de un tal Jesús de Nazaret, olvidándose del verdadero y más importante nacimiento que seguimos esperando.

Pero, ¿qué nacimiento estamos esperando? ¿A quién esperamos?

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