Nacer en un pesebre: una visión alternativa de la Navidad

No celebramos la Navidad solamente por el nacimiento de Jesús. La celebramos para recodarnos que otro nacimiento debe acontecer y que, al parecer, aún no ha ocurrido.

La Navidad no es un hecho que transcurrió en un establo hace 2000 años, sino algo que debe ocurrir ahora y en nuestra realidad. Mientras este nacimiento no sucede, seguimos celebrándola, para recordar a quien tiene que nacer, que nazca. Sin embargo, nadie lo recuerda y, por eso, creen que la Navidad es solamente la celebración del nacimiento de un tal Jesús de Nazaret, olvidándose del verdadero y más importante nacimiento que seguimos esperando.

Pero, ¿qué nacimiento estamos esperando? ¿A quién esperamos?

El evangelio, un libro para ser vivido

Todos los libros sagrados explican aquello que debemos hacer, son libros de instrucciones, libros para ser vividos. Lamentablemente, solemos tomarlos como libros para ser leídos y no los vivimos, no entendemos que nos están dando instrucciones precisas.

El Evangelio, donde tiene el origen la Navidad actual, también es un libro de instrucciones y no debe ser entendido de forma textual, sino que debe ser vivido, integrado en la propia realidad.

Si tuviéramos que explicarlo con un símil, podríamos compararlo con un mapa. Los mapas fueron diseñados para ser usados en los viajes, para ser recorridos, para ser vividos, y no para ser estudiados en casa sin salir por la puerta. No debemos confundir el mapa con el viaje, ni los libros sagrados con sus metáforas. Ambos hay que ponerlos en la práctica. Con la Navidad nos ocurre lo mismo: pensamos que es una hermosa historia de un niño-dios de pelo rubio nacido en un establo. ¡Caramba! No estamos entendiendo gran cosa…

El hijo de Dios, ¿se encarnó?

La Navidad no habla de Jesús, sino de nuestro propio nacimiento. Tú nacimiento. Hace 2000 años, nació alguien que se dio cuenta de su esencia divina y decidió expresarla fundiéndose con la Realidad y con el significado de la vida, con la totalidad, con la divinidad. En otras palabras, ser hijo de Dios creciendo a su imagen y semejanza.

Lo que celebramos en este período festivo es que ahora eres TÚ y YO quiénes debemos nacer. La Navidad te llama a que nazcas. Tu cuerpo debe convertirse en el Belén, debes hacer crecer la consciencia que está dentro de tu cuerpo para que asuma su divinidad, pero para hacerla crecer hay que nacer primero. Es a ti a quién la creación te está esperando. Es a ti a quien esperan como el/la hij@ de Dios. Así pues, no se trata de Jesús, se trata de ti, de mí, de nosotros. Dar el salto de una visión infantil del mundo hasta convertirte en sabiduría y conciencia.

Llegar a ser quien estás llamado a ser. Nacer para acoger la sabiduría, algunos la llaman el Espíritu Santo, hasta darte cuenta que también tú eres a imagen y semejanza de la Totalidad.

La Navidad es la ocasión para nacer realmente y eso es lo que celebramos. Una llamada para nuestra esencia.

Mientras sigamos celebrando el nacimiento ajeno nos estaremos perdiendo el nuestro. Estaremos obviando la llamada que nuestra conciencia podría llegar a ser. Prepárate para nacer. Despierta a tu esencia divina a través de la comprensión y el amor: este es el grito de la Navidad. ¡Escúchalo!

Una estrella nos guiará

Para nacer solo necesitamos guiarnos por la luz, por el deseo de descubrir la Verdad. Sólo así, podremos difuminar nuestra ignorancia y el resultado será la Natividad aquí y ahora. Consecuentemente, TU nacerás como quién debes ser, como la conciencia divina que estás llamado a ser.

Durante este camino hacia el nacimiento, la estrella de Belén nos guiará del mismo modo que acompañó a los Reyes para no confundirnos con el oro mundano. En ese fragmento bíblico, Jesús recibe tres ofrendas que tienen un significado relevante. En primer lugar, le regalaron oro para que supiera que era Rey, de un reinado que no es de este mundo, de un reinado que está más allá de lo físico y el dinero material. Un recordatorio para que sepamos que la riqueza se halla en el interior, para decirnos “dentro de ti hay mucho más oro del que yo te entrego”. El oro simboliza que él es rey, rey de su propia vida llamado a descubrirse, así como nosotros somos dueños de la nuestra. Asimismo, se le entrega la mirra, utilizada antiguamente para untar a los difuntos, para que no confundamos nuestro cuerpo con nuestra realidad auténtica. Por último, el incienso simboliza los rituales religiosos y nos recuerda que el verdadero conocimiento reside en el interior y no en la letra y los rituales. Las prácticas rituales son solo nombres, formas de llegar a la esencia.

¿Nos atrevemos a nacer?

¡Nazcamos ahora! No renunciemos al reino de Dios, está aquí y ahora. No demos crédito a aquellos que dicen que el mundo es solo un valle de lágrimas o que la vida empieza cuando morimos. Descubramos que estamos llamados a vivir en plenitud desde este mismo instante. Abracemos nuestra conciencia divina y dejémosla nacer en esta época de festividad y conciencia.

La Navidad es, ni más ni menos, que la llamada de Dios para descubrir tu propia esencia, la original y verdadera. Para ti, se trata de una ocasión ineludible para volver como el hijo pródigo a tu madre y a tu padre, a la esencia y a la vida. La Navidad te pide nacer.

¡Nace!, te están esperando. El mundo está huérfano sin ti.

2 comentarios en “Nacer en un pesebre: una visión alternativa de la Navidad”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *