Aula Interior. Equilibrar mi personalidad y limpiar el inconsciente: camino de la felicidad.

Todas los caminos de crecimiento personal y despertar espiritual son caminos de autoconocimiento. Y ello es lógico: si no nos conocemos, ¿a quién pretendemos liberar?

Por eso, el primer paso para vivir libremente es descubrir nuestros déficits. Para poder abandonar nuestra cárcel hemos de cartografiarla primero. Tras descubrir nuestros déficits…¡alegrémonos de tener el mapa de nuestra prisión y pongámonos a cavar los túneles para salir de ella!

Nuestros puntos débiles son los que nos hacen sufrir. ¿Cómo escapar de ahí? Solamente hay una única salida: ejercitándolos con conciencia.

Por ejemplo, cuando me descubro como una persona que teme el combate, que tiene miedo, inseguridad e impotencia ¿qué hacer? Pues enfrentarse, combatir de una forma real, concreta y práctica. Si necesito tener más energía, solamente podré incrementarla ejercitándola. Así pues me obligaré a no huir de las discusiones, a hablar con voz más alta, a andar y moverme con mayor energía y velocidad, me obligaré a hacer artes marciales…. es decir, me obligaré a ejercitar de forma consciente mi energía de forma concreta, real y práctica para que el trabajo interior que realice sea verídico y salir así del bucle que me atrapa.

Si, por el contrario, descubro que tengo un corazón de hielo y que no soporto a la gente, me obligaré a estar con gente, a convivir con ella: en un grupo gestalt, en una ONG, a expresar mis emociones… Si, por ejemplo, descubro que no tengo criterio y vivo en un mundo confuso, en el que me siento tonto o tonta, me obligaré a estudiar de nuevo, a investigar, a leer, a expresar mis opiniones argumentadamente…

Y todo ello lo haré con conciencia, sabiendo que estoy trabajando mi personalidad, para ser más libre. La conciencia y la determinación harán que pueda transitar por lugares y actividades que siempre he evitado y a las que temo. La consecuencia será que mi vida se equilibrará. También será el momento de trabajar los traumas inconscientes que mis déficits han provocado. Podré limpiar mi pasado y mi inconsciente con técnicas de expresión concretas porque habré recuperado mis capacidades y no me dará miedo mirar atrás.

Quiero remarcar que si hacemos aquello que hemos evitado y limpiamos nuestro inconsciente del dolor pasado el resultado necesario será que nuestra personalidad se equilibrará. Sin embargo, nadie puede pretender equilibrar su centro emocional, energético o intelectual sin ejercitarlo. Y el ejercicio debe ser concreto y práctico. No hay atajos, ni soluciones mágicas.

Pero lo fantástico es que, al fortalecer nuestro punto débil, nuestra vida se transforma. Literalmente: se transforma. Al ejercitar lo que nos hace vulnerables, nos fortalecemos y podemos llevar una vida adulta equilibrada: segura, amorosa y con criterio.

Mientras no hagamos este paso, el sufrimiento será inevitable: ciertas realidades me superarán y me harán sufrir porque no tengo capacidad para abordarlas. El sufrimiento está en relación directa con los déficits que tenemos. Por eso debemos equilibrar nuestras tres capacidades: la energética, la emocional y la intelectual. Mientras estas tres capacidades básicas no las hayamos equilibrado, no podremos gozar de una vida adulta, equilibrada, consciente.

Pero aún afirmo una cosa más: sin equilibrio en la vida cotidiana, es imposible tener una verdadera vida espiritual. El espíritu necesita de una personalidad equilibrada. Quien desee una conexión profunda con lo Superior, debe estar fuertemente enraizado en lo cotidiano.

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