Aula Interior. Descubrir mi propia cárcel: el camino de la felicidad

Muchas veces me preguntan por la manera de llegar a vivir una felicidad estable. Lamentablemente cuando me lo preguntan así, solo puedo dar una respuesta: mientras tu objetivo sea alcanzar la felicidad, será inalcanzable.

No se confundan. No estoy afirmando que la felicidad sea imposible. Al contrario, afirmo que es posible vivirla en primera persona aquí y ahora. Afirmo que el “reino de los cielos ha llegado”, como decía un tal Jesús de Nazaret hace ya dos mil años. Afirmo que la felicidad sí es posible.

Pero la felicidad no se alcanza cuando ella es el objetivo. Porque la felicidad no es ningún objetivo a alcanzar, sino la consecuencia de saber quién soy, vivirme más allá de los engaños y expresarme libremente. Cuando conozca la respuesta a la pregunta “¿quién soy yo?” experiencialmente y más allá de las palabras, la felicidad será la consecuencia.

Por lo tanto, cuando me preguntan por la manera de llegar a vivir una felicidad estable solo puedo dar una respuesta: busca la verdad y serás libre. Descubre los engaños y serás libre. Tampoco en esto soy original, también el de Nazaret lo decía: “la Verdad os hará libres”. La felicidad es una hija necesaria de la verdad.

Así pues, solamente alcanzaremos la felicidad buscando con ahínco la verdad. Pero, ¿cómo hacerlo? Creo que el camino más directo a la verdad (y en consecuencia a la felicidad) es la auto observación.

Se trata de observarse a sí mismo/a como si investigases un virus o una bacteria: con curiosidad, sin ideas preconcebidas, sin negar y sin edulcorar nada de lo que vives y haces. Al observarte así, te sorprendes en contradicciones evidentes: eres amable ante personas que no soportas, eres distante ante personas a las que amas, quieres ser simpático y resultas insoportable…

Al principio sólo hay que observar. Pronto nos daremos cuenta que toda nuestra conducta puede ser explicada por dos polos que se complementan: los aspectos de nosotros/as que queremos disimular/mejorar y los aspectos idílicos que queremos alcanzar: son las dos caras de nuestra cárcel, de nuestro ego, de nuestro personaje, de nuestra infelicidad.

Por ejemplo, a veces queremos disimular que somos cobardes e intentaremos compensarlo mostrándonos como inteligentes y amorosos. Otras personas, se sentirán frías o indignas de amor, y para compensarlo, intentarán pisar fuerte y poner a raya a los demás… o tener una actitud totalmente sumisa… No importa. Sea lo que sea lo que descubramos se trata de un patrón que nos tiene prisioneros/as. Descubrirlo es un gozo, aunque duela. Descubrirlo nos demuestra que estamos en una cárcel.

No es cierto que tengamos un ego. No es cierto que tengamos una programación o un personaje. La verdad es mucho más dura: el ego, el personaje o la programación nos tiene a nosotros/as. Descubrirlo es una gran alegría: mientras no acepte que no actúo como quiero, sino como me dictan mis mecanismos automáticos internos, no podré empezar el proceso de liberación.

Por eso, el primer paso hacia la felicidad es observarse en los propios límites. Y alegrarnos al verlos. No sirve de nada culparse: es otro juego del ego. El primer paso hacia la felicidad y la libertad es mirar lo que hay. ¡Verlo es gozoso! ¡Al verlo puedo empezar a pensar en ir un paso más allá! Pero no hay que querer cambiar de inmediato. No haremos nada hasta descubrir nuestro mecanismo.

Miraremos dentro nuestro para ver la programación y descubrir dónde se encuentra el interruptor que lo detiene. Observar. Comprender. Mirar. Ese es el primer paso. Mientras no lo des de forma sistemática, no podrás avanzar al siguiente paso: reequilibrar tu personalidad y limpiar tu inconsciente. Pero ese segundo paso, lo abordaremos más adelante.

3 comentarios en “Aula Interior. Descubrir mi propia cárcel: el camino de la felicidad”

    1. Hola Mirka. Tienes razón, algunas veces lo externo afecta a nuestra conducta. Pero si somos capaces de mantener un estado de paz interior, ¡nada nos afectará!

      Ese es uno de los propósitos del trabajo interior.

      Gracias por tu comentario.

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