El mal, como tal, no existe. Existe la ignorancia.

Estoy en el cine viendo una película: la clásica lucha entre el bien y el mal. En ese momento me doy cuenta de que toda nuestra vida está basada en la falsa creencia de la existencia de un mal que lucha contra el bien.

Pero me doy cuenta que esta perspectiva equivocada nos lleva al dolor, al enfrentamiento y dañarnos a nosotros mismos y a los demás.

Pero, ¿por qué afirmo que es una visión errónea?, ¿cómo saber que el mal no existe?. Y lo que es todavía más importante: entonces, ¿cuál es la realidad?, ¿qué es lo que realmente existe?

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Las dificultades me permiten autorrealizarme

Bendice las dificultades. Sin ellas no podríamos actualizar nuestro potencial.

No digo que las busquemos innecesariamente, ¡ya hay bastantes en la vida para complicárnosla gratuitamente! Pero agradezcamos las dificultades de nuestra vida: ellas nos permiten aprender lo que todavía ignoramos.

Gracias a las dificultades traspasamos nuestra zona de confort y actualizamos nuestro potencial. Gracias a las dificultades llegamos a ser quien estamos llamados a ser. ¡Benditas sean!

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Nacer en un pesebre: una visión alternativa de la Navidad

No celebramos la Navidad solamente por el nacimiento de Jesús. La celebramos para recodarnos que otro nacimiento debe acontecer y que, al parecer, aún no ha ocurrido.

La Navidad no es un hecho que transcurrió en un establo hace 2000 años, sino algo que debe ocurrir ahora y en nuestra realidad. Mientras este nacimiento no sucede, seguimos celebrándola, para recordar a quien tiene que nacer, que nazca. Sin embargo, nadie lo recuerda y, por eso, creen que la Navidad es solamente la celebración del nacimiento de un tal Jesús de Nazaret, olvidándose del verdadero y más importante nacimiento que seguimos esperando.

Pero, ¿qué nacimiento estamos esperando? ¿A quién esperamos?

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Yo soy responsable de mis pensamientos

No es verdad que Juan me ponga de los nervios. No es verdad que mi madre me ponga enfermo. Es falso que María me alegre las mañanas con su buen humor.

Cuando hago responsables a los demás de lo que pienso suceden dos cosas: me engaño y delego mi poder. Ambas cosas me generarán problemas y dolor en mi vida. Si deseo ser feliz y libre debo ver la verdad y recuperar mi poder. Para hacerlo debo darme cuenta que solamente yo soy responsable de mis pensamientos, de mi interior. Nadie más. Solamente yo.

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